Inicio El MUNDO Derechos humanos a medias: la mirada selectiva sobre el conflicto en Medio...

Derechos humanos a medias: la mirada selectiva sobre el conflicto en Medio Oriente

410
0

Por: Aldo Romero/Periodista, profesor

En cada estallido de violencia en Medio Oriente, el debate sobre los derechos humanos se reaviva con fuerza, pero lo que debería ser un llamado a la defensa universal de la dignidad humana, termina en la mayoría de los casos, reducido a una visión fragmentada, donde la solidaridad se otorga con sesgo y la condena se distribuye abiertamente con una descarada parcialidad.

En la guerra entre Israel y Hamás, esta tendencia se hace evidente. Sectores de la opinión pública, de la sociedad civil y organismos internacional elevan su voz para denunciar, con razón, los bombardeos cometidos por el ejército israelí en Gaza, pero maliciosamente pasan de largo ante los ataques sistemáticos de Hamás contra la población civil israelí. La masacre del 7 de octubre de 2023, los secuestros y la utilización de civiles como escudos humanos son hechos que no pueden borrarse del registro humanitario y que también requieren la condena mundial.

Este fenómeno refleja un problema más amplio y es de la instrumentalización de los derechos humanos. Cuando la defensa de esos derechos se acomoda al prisma ideológico o geopolítico, dejan de ser principios universales para convertirse en herramientas de presión y en esa dinámica, quienes más pierden son las víctimas, tanto palestinas como israelíes, atrapadas en un permanente ciclo de dolor.

El principio básico de los derechos humanos, su indivisibilidad y universalidad, exige coherencia. Si se condenan las violaciones en Gaza, también deben señalarse las cometidas por Hamás; si se denuncia el sufrimiento de millones de palestinos desplazados, heridos o asesinados no se puede desconocer los ataques contra civiles en Israel victimas de los actos de secuestro, violaciones y muerte perpetrados por Hamás.  Solo desde esa mirada integral puede hablarse de verdadera justicia.

El periodismo frente al espejo

Aquí es donde el periodismo tiene una responsabilidad crucial, informar con rigor, dar contexto y escuchar todas las voces son tareas indispensables para contrarrestar la narrativa selectiva. Un buen periodismo no se limita a amplificar comunicados oficiales ni a replicar consignas políticas o publicaciones propagandísticas desde los medios afines a proteger a estos grupos terroristas, lo prudente es buscar la realidad de los hechos, verificar las fuentes y atreverse a incomodar tanto a gobiernos como a grupos armados.

El oficio periodístico, en escenarios como el de Medio Oriente, debe actuar como contrapeso a la polarización y como puente hacia una comprensión más amplia. Eso implica narrar las historias de las víctimas en Gaza y en Israel con la misma sensibilidad, desmontar la propaganda y ofrecer a la ciudadanía claves para entender la complejidad. Un periodismo parcial es tan dañino como el silencio; un periodismo honesto y balanceado es, en cambio, un servicio público que devuelve humanidad en medio del caos.

Mantener la independencia editorial en este contexto es una tarea titánica, pero es precisamente en este tipo de conflictos donde el periodismo internacional demuestra su valor: contar lo que ocurre, aunque incomode a ambos bandos, aunque implique perder acceso a fuentes o ser acusados de parcialidad, esa tensión es el precio de la verdad y el recordatorio de que, al final, informar con integridad es también un acto de defensa de los derechos humanos.

El reto para la opinión pública por su parte es abandonar la visión selectiva. No se trata de relativizar responsabilidades ni de justificar abusos bajo la lógica de la guerra, sino de reconocer que, al final, el costo humano no distingue bandos. La coherencia ética implica alzar la voz con la misma fuerza por cada vida civil perdida, sin importar si se encuentra en Tel Aviv o en Gaza.