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El presupuesto como herramienta de política pública

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Suele decirse que «política pública que no tiene asignación presupuestaria es solo retórica». Bajo esta premisa, la reciente aprobación en el Congreso Nacional, del Presupuesto General de la República reformulado para el ejercicio fiscal 2026 por un monto de L. 444,335.8 millones no es un simple balance contable de sumas y restas; es, en esencia, la declaración de principios más pura del Estado hondureño.

El presupuesto es el «combustible» que permite mover el vehículo de los planes de desarrollo. En este nuevo ciclo, el gobierno parece haber encontrado en el PGN un «detector de verdades» para establecer su jerarquía real de intereses. Al analizar las cifras aprobadas en el legislativo, se observa un viraje estratégico que busca separar la intención de la realidad técnica.

La prioridad en cifras: Educación y Salud al frente

Si el presupuesto es el espejo de la prioridad nacional, Honduras ha decidido reflejar su apuesta en el capital humano. Las asignaciones aprobadas muestran incrementos significativos en sectores sociales clave: para el caso de Educación, se consolida como la secretaría con mayores recursos, alcanzando los L.46,460 millones, lo que representa un aumento de L.3,700 millones respecto al año anterior.

Salud Pública por su parte recibirá L.31,275 millones, con un alza superior a los L.2,000 millones y en el rango de Seguridad y Defensa, el fortalecimiento institucional continúa con incrementos de L.1,830 millones y L.1,400 millones, respectivamente.

Este mandato para ejecutar no es solo un permiso para gastar, traduce derechos constitucionales en salarios para médicos, maestros y construcción de infraestructura. Sin esta herramienta, el Estado sería un ente paralizado por la «burocracia de la buena voluntad».

El gran reto de este nuevo presupuesto, que ha sido reducido en L. 25,000 millones en comparación con el proyecto enviado por la administración anterior, radica en la eficiencia. Como señala la teoría presupuestaria, el desafío no es solo cuánto se asigna, sino cómo se gasta. La actual gestión de finanzas busca enviar una señal de «orden» en el control del gasto y estabilidad económica.

No obstante, la rigidez presupuestaria y los compromisos de deuda que para 2026 sumarán un financiamiento de L. 66,607 millones dejan poco margen de maniobra, los gestores públicos están obligados a ser «quirúrgicos» en la distribución de recursos limitados para que la política pública sea efectiva y no se quede en el papel.

Debemos dejar de ver el Presupuesto General de la Nación como un asunto exclusivo de economistas. Este es el contrato anual donde se decide el futuro de la ciudadanía y con un crecimiento económico proyectado entre el 3.5% y 4.5% para 2026, Honduras tiene ante sí la oportunidad de demostrar que su presupuesto no es simple retórica, sino la herramienta técnica que materializa el bienestar social. Entender este documento es, en última instancia, entender hacia dónde el Estado decide el destino de la población.

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