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Ley de Empleo Parcial; una oportunidad necesaria, pero con equilibrio

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Honduras vuelve a discutir una figura laboral que, lejos de ser nueva, sigue generando opiniones diversas, la ley de empleo parcial o empleo por hora, aprobada en 2014 como una respuesta urgente al desempleo estructural y que desafortunadamente fue derogada en el gobierno anterior bajo el argumento que vulneraba derechos laborales fundamentales.

El problema es que, tras su derogación, la promesa de una alternativa más justa, moderna e incluyente nunca se concretó. El resultado fue previsible; menos opciones de inserción laboral, especialmente para quienes ya enfrentan mayores barreras para acceder a un empleo formal.

Tras la instalación del nuevo Congreso Nacional presidido por José Tomás Zambrano y con una propuesta impulsada conjuntamente por diputados de los partidos Liberal y Nacional, el debate se reactiva. No es casual. Honduras arrastra altos niveles de desempleo, subempleo e informalidad, y los sectores más golpeados siguen siendo los jóvenes, las personas de mediana edad que han perdido su empleo y los adultos mayores que aún pueden y quieren trabajar, pero no encuentran oportunidades.

Negar la necesidad de una ley de empleo parcial sería desconocer la realidad económica del país. Miles de pequeñas y medianas empresas, emprendimientos y sectores de servicios no tienen la capacidad de generar plazas permanentes de tiempo completo, pero sí podrían ofrecer empleos parciales si existiera un marco legal claro, moderno y seguro.

En ese sentido, el empleo por hora no debe verse como una amenaza, sino como una herramienta para ampliar el acceso al trabajo formal y reducir la informalidad que hoy deja a millones sin seguridad social ni protección legal.

Sin embargo, la historia reciente obliga a ser cautelosos. El principal temor, y con razón es que esta ley se convierta en un mecanismo para precarizar el empleo, reducir costos operacionales a expensas del trabajador y sustituir plazas permanentes por contratos parciales sin estabilidad ni garantías. Ese riesgo existe y debe ser enfrentado desde el diseño mismo de la normativa.

Una nueva ley de empleo parcial debe establecer salvaguardas claras e inequívocas, como por ejemplo que esta modalidad sea aplicable únicamente a nuevas contrataciones; que prohíba expresamente la conversión de empleos permanentes en parciales; que garantice proporcionalidad en salario, vacaciones, décimo tercer y décimo cuarto mes; y que asegure la afiliación obligatoria al sistema de seguridad social, aunque la jornada sea reducida. El trabajo parcial no puede ser sinónimo de derechos parciales.

Además, el Estado debe asumir un rol activo de supervisión y control, sin mecanismos de inspección laboral efectiva, sanciones reales a los abusos y sin transparencia en la aplicación de la ley, cualquier avance normativo corre el riesgo de quedarse en el papel o, peor aún, de convertirse en una herramienta de exclusión.

El debate, entonces, no debería centrarse en si el empleo parcial es bueno o malo en sí mismo, sino en el tipo de ley que necesita Honduras. Una legislación moderna no puede ignorar las dinámicas del mercado laboral actual, pero tampoco puede sacrificar conquistas históricas de los trabajadores. El verdadero desafío del Congreso Nacional será demostrar que es posible generar empleo sin debilitar derechos, y que la urgencia económica no justifica retrocesos sociales.

Honduras necesita más empleo, pero sobre todo, empleo digno, regulado y justo. Si el nuevo proyecto de ley logra ese equilibrio, habrá dado un paso importante hacia un mercado laboral más inclusivo, evitando repetir un error que el país ya pagó demasiado caro.

Aldo Romero es un periodista hondureño con más de tres décadas de experiencia en los principales medios de comunicación del país y una sólida trayectoria académica como profesor de periodismo y comunicación. Su labor combina la práctica periodística con la formación de nuevas generaciones de comunicadores, destacando por un enfoque crítico y pedagógico que integra la alfabetización digital, la innovación en medios y la responsabilidad social del periodismo. Referente del análisis político y la promoción de un periodismo ético y adaptado a la era digital, Romero impulsa desde las aulas y los espacios públicos una visión transformadora del oficio, orientada a fortalecer la ciudadanía y la democracia en Honduras.